De avestruces

Como verán, estamos como que no estamos. El Camarada dedicado a sus labores y yo a las mías. Y el país, poco más o menos, gracias a nuestros presidentes. Porque hace unos años tuvimos un presidente que condujo a nuestro país a las más altas cimas de poder, o eso es al menos lo que él entendía cuando se juntaba con otro par de mandamases que mandamaseaban mucho más que él. Nuestro tex-mex favorito alardeaba de haber devuelto a Eh!paña al lugar que ocupaba antes de que con los Austrias y con los Borbones perdiéramos nuestras posesiones.

Pero eso condujo a lo que condujo, y tras la sobredosis de testosterona, la ciudadanía decidió desvotar al PP aclamando al lider más soso que jamás nuestra patria tuvo. Al principio quizá no lo parecía, el ex-presi se inventó tres o cuatro palabras (talante, alianza de civilizaciones, etc) y se rodeó de varios ejemplares (Leire Pajín quizá fuera su mejor exponente) que daban mucho juego humorístico.

Y lo que es más triste: Sosomán tenía enfrente al líder de la oposición más insulso que pululaba por Génova. Creo que no es casualidad. Parece mentira que entre tanto tiburón pudieran colarse estos dos delfines. Pero se colaron, como si las cúpulas de los bipartidos estuvieran hartas de lobos con piel de lobo. Y poco a poco se descubrió el pastel: habían elegido a dos corderos con piel de oveja modorra.

Mientras A ZP le estallaba la crisis y la burbuja, su plan consistía básicamente en salir muy talantosamente por la tele diciendo banalidades, mientras que en la intimidad de la Moncloa se dedicaba a repetir sin cesar ‘Porfa, porfa, porfa, que se acabe la crisis’ agarrado a una ouija de su niña.

Rajoy tuvo así la ocasión de prescindir de campaña electoral para salir elegido; entonces yo pensé que era táctica y oportunismo, pero a la vista de los acontecimientos parece que es lo único que sabía hacer, porque una vez que ha salido elegido, su táctica monclovita ha sido la misma que la de ZP (cambiando la ouija por la estampita de la Virgen del Perpetuo Socorro).

Dejando aparte las medidas dictadas por la Merkel y sus neo-amiguetes con intereses, nada ha hecho aparte de vaticinar brotes verdes, como en un revuelto de ajetes. Y la prueba más palpable de su absoluto táctica-del-avestruz-ismo la tenemos con el caso Bárcenas; sus declaraciones y las de sus baronesas y baroneses son un cúmulo de despropósitos que darían risa de no ser por lo que supone. Y ahí está, con la cabeza gacha esperando que alguien le diga ‘despierta, bonito, que todo ha sido una pesadilla’.

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