Todos tenemos un precio

Los precios, decía uno, se fijan en función de la oferta y la demanda. Y puede ser verdad, pero el morro y la estupidez también influyen, y de eso los economistas no suelen hablar, imagino que porque no queda tan molón ni se presta a meterlo en una gráfica (quizás sí en un pogüerpoin). Como muestra les traigo tres ejemplos de lo más dispar.

Primer ejemplo. Como los Reyes Magos me han traído un cepillo de dientes artomático, se me ha ocurrido interesarme por el precio de los recambios. Y ante la exorbitancia del mismo (más de 10 euros por un par de ellos, cuando el cepillo “entero” vale menos de 20), me he puesto a brujulear por internet. Aparte de las piezas clónicas, lo más divertido que he visto es que si compro el mismo chisme en amazon.co.uk hasta me compensaría pagar los gastos de envío.

El segundo ejemplo es del mundo de la hostelería. En Ávila y provincia estamos acostumbrados a que las cañas incluyan una tapa. En cierto bar que frecuento la caña sola vale 1,20, y la tapa 0’30 (muchos bares no permiten esta distinción; la caña va al mismo precio quiera usted la tapa o no). Lo curioso de este precio es que una ración, que normalmente equivale a tres o cuatro tapas, no cuesta 0’30 x 4 = 1’20; sino que normalmente está en un precio entre 5 y 8 euros.

Y para rematar, uno de sobra conocido: los SMS. Aunque ahora están más baratos gracias a internet y los guasáps, desde su origen costaron de 15 a 20 pesetillas. Teniendo en cuenta el consumo de red que tienen, que básicamente se puede solapar con el ‘questoyaquí’ que manda cada teléfono de cuando en cuando a las antenas para que sepan por dónde andan, es un atraco a mano armada. Y la de veces que he gruñido cuando algún amigo me enviaba un SMS del tipo ‘A K ORA EMOS KEDAO’, ya que el coste de dos SMS’s es normalmente superior al de una llamada corta (suficiente para la misma pregunta).

One thought on “Todos tenemos un precio

  1. Ronronia

    January 12, 2013 at 7:46pm

    Recomiendo encarecidamente a todo el mundo la lectura de “El hombre anumérico”, de John Allen Paulos. En todo el mundo, con estudios superiores o sin ellos, la mayoría de la gente es tan analfabeta en matemáticas que piensan, por ejemplo, que los porcentajes se pueden sumar o que, otro ejemplo, si unas acciones un día suben un 5% y al siguiente bajan un 5%, el cambio se queda igual. Es habitual asistir a errores tan garrafales que equivaldrían a oir que “El Quijote” los escribió Lope, pero que por algún extraño motivo no causan la misma vergüenza. Quizás porque casi nadie se da cuenta de ellos.

    El asco a “los números” llega tan lejos que poca gente hace cuentas para elegir una opción más barata y decide que es más barata… no sé cómo. Lo que dices de los SMS vs. las llamadas es un ejemplo. Los móviles “grátis” que “regalan” las compañías telefónicas son otro ejemplo. Hay muchos más.

Comments are closed.